Por Enoc Díaz- «Le das la mano y te coge el brazo». Esta famosa frase descubre a personas que abusan de la confianza.
Félix Díaz, mi padre ya fallecido, era un hombre sabio, a pesar de que no alcanzó un alto nivel en los estudios, solo el octavo grado, debido a que su padre no quiso enviarlo a Santiago a terminar el bachillerato.
Él siempre citaba de la Biblia el libro de Eclesiastés en su capítulo 10 y verso 18: “Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se llueve la casa”.
Mi viejo contaba cómo en su natal Loma de Piedra, una sección del municipio Los Hidalgos, en Puerto Plata, los hombres cobijaban sus casas con cana.
El uso de la cana (específicamente la palma Sabal domingensis o palma de cana) para cobijar (techos) en República Dominicana es una tradición que se remonta a la época precolombina, utilizada por los taínos, y que ha perdurado a lo largo de los siglos.
Para que la cobija quedara bien y no filtrara agua hacia el interior de la casa, había que apretar con fuerza los hilos para que, montados uno sobre otro, no dejase colar agua entre ellos.
En el transcurrir del tiempo he observado cómo la sociedad dominicana va cayendo a un precipicio que parece no tener final. El abuso que se ejerce sobre una democracia que parece funcionar menos cada día va de mal en peor.
El irrespeto a las autoridades, la rebeldía a todo lo que parece ser bueno, y el abuso de poder parecen ser los paradigmas para seguir en estos tiempos.
Las autoridades electas por el voto popular parece no importarles mucho si la casa se moja, o en el peor de los casos, se pudre debido a las continuas goteras. Al final, ellos siempre tendrán protección para los suyos, o en caso de un sálvese quien pueda, trasladarse a otro lugar donde haya menos filtraciones y contaminación.
El apretar la mano tiene sus riesgos, perder simpatizantes, que se traduce a perder votos, afectar intereses de algunos intocables, y etcétera.
La rebeldía a los valores que nos dieron origen como sociedad no tiene límites. Un vocabulario violento y vulgar en los medios de comunicación, el abuso de poder por parte de las autoridades.
A esto hay que agregar la violencia que a diario se ve en nuestras calles, la prostitución en las redes sociales, la mentira que se vende como verdad, y muchas, muchas goteras más van pudriendo cada día lo poco que pueda quedar sin mojarse.
Es tiempo de que empecemos a sentirnos incómodos por el hedor que ha producido la putrefacción, fruto de la gotera incesante que cae sobre nuestra amada tierra, que es la de todos los dominicanos, sin excepción.
Apretar la mano para evitar las goteras puede ser que nos produzca heridas, hinchazón y mallugaduras. Pero, es mejor sentir dolor en las manos a que se nos pudra todo el cuerpo.
Por Enoc Díaz

